La pintura impresionista nace a partir de la segunda mitad del siglo XIX y quiere, a grandes rasgos, plasmar la luz y el instante, sin importar demasiado la identidad de aquello que la proyectaba. Las cosas no se definen, sino que se pinta la impresión visual de estas cosas, y eso implica que las partes inconexas dan lugar a un todo unitario (algo que años después demostraría científica y psicológicamente la Gestalt).
Resumiendo, este movimiento se caracteriza por el uso de colores puros sin mezclar («todo color es relativo a los colores que le rodean»), el hecho de no ocultar la pincelada, y por supuesto darle protagonismo ante todo a la luz y el color. De esta manera las formas se diluyen imprecisas dependiendo de la luz a la que están sometidas, y una misma forma dependiendo de la luz arrojada sobre ellas, dando lugar a una pintura totalmente distinta.
El impresionismo supuso toda una revolución dentro de la historia del arte. Sin embargo, en España se vivió de una manera muy diferente en comparación a Francia u otros países europeos.
Esta corriente artística tan influyente sigue viva en la actualidad. Si eres un apasionado de este estilo, te recomendamos la exposición de pintura impresionista que se celebra en el Pabellón de la Navegación en Sevilla.
Principales pintores impresionistas en el
mundo: Claude Monet, Vincent Van Gogh, Joaquín
Sorolla, Aureliano Beruete.


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